¿LAS PIRÁMIDES SON OBRA DE UNA SUPERCIVILIZACIÓN?

Se usaron bloques de 100 y hasta 200 T. traídos de una cantera a 30 km. Están alineadas perfectamente con los puntos cardinales y el Cinturón de Orión. Los egipcios de esa época ni siquiera conocían el Hierro.

SOLUCIONES

Tú no puedes solucionar unos problemas con el mismo nivel de CONSCIENCIA que los creó. -Albert Einstein

EL HOMBRE QUE PIENSA POR SÍ MISMO

El hombre más peligroso para cualquier gobierno es el capaz de reflexionar... Casi inevitablemente, llegará a la conclusión de que el gobierno bajo el que vive es deshonesto, loco e intolerable. -H. L. Mencken

ESTRUCTURA SOCIAL PIRAMIDAL

Nuestro mundo está organizado de tal modo que una pequeña élite controla al resto a través de una jerarquía de jefes sobre otros jefes hasta llegar a los obreros en la base. El nivel de conocimiento separa a unos niveles de otros. -David Icke

GOBIERNO MUNDIAL O NUEVO ORDEN MUNDIAL

El objetivo de las élites es crear un gobierno mundial dictatorial, fascista, donde el Estado Policial es omnipresente y las libertades individuales no existen. -David Icke

NEGACIONISMO O ESCEPTICISMO CÍNICO

Condenar algo sin investigarlo previamente es la cota más alta de la ignorancia. -Albert Einstein

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

La Opinión Pública lo es todo. Si está a tu favor, nada podrá salir mal. Si está en tu contra, nada podrá tener éxito. El que moldea la Opinión Pública tiene un mayor poder que el que hace las leyes. -Abraham Lincoln

RESPONSABILIDAD PERSONAL

Tú debes convertirte en el cambio que quieres ver en el mundo. -Mahatma Gandhi

EL PODER DE LA PROPAGANDA

Debe hacerse tan popular y tan simple que hasta el más estúpido la pueda entender. A la gente se la puede convencer de que el Paraíso es el Infierno, o a la inversa, de que la vida más horrible es el Paraíso. -Adolf Hitler, "Mein Kampf"

REPETIDORES

La mayoría de la gente es OTRA gente. Sus pensamientos son la opinión de otros, sus vidas una imitación, sus pasiones una cita de un libro. -Oscar Wilde

CREENCIAS

En religión y política, la gente casi siempre las adquiere, sin examinarlas, de autoridades que tampoco las han examinado y que, a su vez, las han adquirido de unos terceros cuyas opiniones no valen UNA PUTA MIERDA. -Mark Twain

PIRÁMIDE DE PODER

Es fácil que una pequeña élite controle a una amplia mayoria a través de estructuras jerárquicas donde cada uno se está en su sitio sin moverse y sin interesarse nunca por nada. -David Icke

DEBER

La cobardía pregunta si es seguro, la conveniencia si es cortés, y la vanidad si es popular. Pero la Consciencia pregunta si es JUSTO. Y siempre llega un tiempo donde uno debe tomar una postura que no es nada excepto JUSTA. -M. L. King

911 WAS AN INSIDE JOB!!

¿El atentado del 11-S fue ejecutado por el Gobierno en la Sombra de EEUU a través de infiltrados y aliados al más alto nivel en el ejército, los servicios secretos y los medios de comunicación?

¿MAGOS NEGROS CONTROLAN LA ECONOMÍA MUNDIAL?

¿El Dinero es el único Dios de este mundo porque lo controla TODO? ¿Los banqueros son los nuevos sacerdotes? ¿Los símbolos sagrados y ocultistas en los billetes atraen energías adecuadas a los fines de este clero?

¿EL 11-M FUE UN GOLPE DE ESTADO A FAVOR DEL PSOE?

Hay hechos documentados de sobra que demuestran que ciertos policías, miembros del servicio secreto, periodistas y jueces trabajaron para "dar un golpe de estado mediático" mintiendo, destruyendo pruebas o creando pruebas falsas.

¿ESTAMOS SOLOS EN EL UNIVERSO?

¿Otras especies y civilizaciones nos visitan con frecuencia? ¿Algunos son benéficos, otros son malvados, y la mayoría parece neutral o indiferente? ¿Los gobiernos cierran beneficiosos tratos mientras lo niegan todo?

¿NUESTRAS ÉLITES NO SON HUMANAS?

Con fama de endogámicos, herméticos, arrogantes, de "sangre azul", ¿nuestros líderes y reyes pertenecen a una raza distinta, con amplios y ancestrales conocimientos sobre la Realidad y lo Oculto?

¿NUESTROS POLÍTICOS SON TÍTERES?

¿Gente tan increíblemente estúpida e incompetente trabaja para "Amos Ocultos" que mueven sus hilos y a los que deben pagar los favores recibidos? ¿El "juego político" es una farsa para anestesiarnos?

¿SUPERTECNOLOGÍA EN LA ANTIGÜEDAD?

Es un hecho científico demostrable que ESTO no lo pudieron hacer tipos con lianas, troncos y herramientas de bronce. Tampoco podemos reproducirlo con nuestra tecnología actual.

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jueves, 21 de marzo de 2013

Ciudad perdida en el Amazonas - Ojo Científico

Fuente:

http://www.ojocientifico.com/3786/ciudad-perdida-en-el-amazonas

Información:


Ciudad perdida en el Amazonas


ciudad-perdida-en-el-Amazonas4.jpg
Existe una leyenda que habla sobre una ciudad escondida en lo denso de la selva del Amazonas. Muchos arqueólogos, antropólogos y aventureros han dejado su vida en esta peligrosa región para encontrar esta maravillosa ciudad de la cual se cree que fue rica, avanzada y con una población similar a las mayores ciudades medievales de Europa.

Ciudad escondida en el Amazonas

La leyenda de una ciudad asombrosa escondida en lo denso del Amazonas se remonta a los siglos de la colonización, cuando la eliminación de los nativos de América del Sur y la invasión europea por el territorio estaba en proceso.
Esta ciudad escondida ha sido nombrada de diferentes formas, algunos exploradores la han apodado Paititi, otros Ciudad de Z y otros simplemente la ciudad perdida del Amazonas. La ubicación postulada para esta gran ciudad es una región ubicada en las fronteras de lo que hoy conocemos como Brasil, Perú y Bolivia.
Durante muchos siglos se habló de esta ciudad como una cuna de civilización, con una organización avanzada y conocimientos en ingeniería que llegaban a la construcción de puentes, canales, caminos, edificios, grandes monumentos y mucho más.
La-ciudad-perdida-en-el-Amazonas2.jpg

Expediciones a la Ciudad de Z

Uno de los mayores problemas sobre las expediciones hacia la Ciudad de Z es que la naturaleza y los nativos de estas áreas no eran amistosos (hoy en día tampoco lo son), y muchos exploradores han muerto o desaparecido presa de ataques de animales, vegetales o humanos.
Percy Fawcett fue uno de los exploradores que dedicó toda su vida a la búsqueda de esta ciudad, y es que el mismo vivió gran parte de su vida estudiando esta región de América y la conocía como nadie.
La-ciudad-perdida-en-el-Amazonas3.jpgWIKIMEDIA COMMONS
Recordemos que hoy en día con las fotografías satelitales y todos los demás servicios de geolocalización parece casi inimaginable descubrir una ciudad entera escondida, sin embargo, hace 100 años la aventura, la emoción y la creencia de esta posibilidad era algo más que posible.
Percy Fawcett fue quien puso el nombre de Ciudad de Z ya que como se creía en aquel tiempo, el Amazonas era la última frontera, el lugar más inhóspito y peligroso donde un europeo podía estar. Esta densa selva esconde misterios hasta el día de hoy y ya son tantos los que se han perdido en ella que las exploraciones cada vez deben tomarse con más seriedad.

La existencia de la ciudad perdida

Varios escritos del siglo XVII y XVIII hablan de viajeros que encontraron la ciudad y volvieron para contarlo. Sin embargo, la ciudad nunca pudo ser confirmada. Estos viajeros hablaban de una ciudad rica y fértil, escondida en lo denso del Mato Grosso.
Un hecho relevante de la historia es una serie de documentos jesuitas escritos por un explorador llamado Andrea López en el año 1600. En estos documentos se habla sobre el hallazgo de la ciudad, llena de oro, plata y joyas. López dice haber avisado al Papa de su descubrimiento, sin embargo, esto no pasó más allá del Vaticano, así que es de suponer que la ubicación exacta de Paititi fue mantenida en secreto.
La-ciudad-perdida-en-el-Amazonas.jpgDAVID GRANN'S THE LOST CITY OF Z
La leyenda de Paititi también ha sido conectada con la ya conocida historia de El Dorado, sin embargo, ambas tienen ubicaciones diferentes e historias diferentes. Historias como la de La Ciudad de los Césares también ha sido conectada con estas ya que las mismas son parte de la mitología de América del Sur.

Facwett y la ciudad perdida de Z - As.com

Fuente:

http://opinion.as.com/opinion/2010/04/22/portada/1271962566_850215.html

Información:


YO DIGO SEBASTIÁN ÁLVARO

Facwett y la ciudad perdida de Z





SEBASTIÁN ÁLVARO
 
La biografía de Percy H. Facwett está trufada de misterios, el primero: cuándo murió. O si verdaderamente está muerto. Porque hay quien defiende que ha alcanzado la inmortalidad tras hallar la ciudad perdida de Z en el corazón del Amazonas. Comencemos por los datos contrastados. Percy H. Facwett fue un brillante explorador perteneciente a aquella gloriosa estirpe de aventureros que, en época victoriana, escribió páginas memorables desde los polos a los Himalayas, África o Suramérica, el territorio preferido por Fawcett. Tras servir en el ejército de su Majestad británica, también como espía en el norte de África, optó por la exploración. Así, en 1906 se inició llevando a cabo trabajos de cartografía de un área desconocida en la frontera entre Brasil y Bolivia. La selva suramericana le atrapó con tanta fuerza que se convertiría en su pasión durante décadas y, a la postre, en su tumba.

Se convirtió en un personaje célebre que cautivaba al público con sus aventuras -le llamaban el David Livingstone del Amazonas- e inspiraba a escritores amigos como Conan Doyle. El padre de Sherlock Holmes escribió El mundo perdido inspirándose en las aventuras de Facwett. En 1925 Facwett dio inicio a una aventura que tenía como meta una auténtica quimera. Una ciudad perdida en el corazón de la Amazonía brasileña que él mismo bautizó como "Z". De alguna manera, continuaba así una larga tradición, que se remonta a los conquistadores españoles, de intentos vanos por hallar un mítico Eldorado en el cono sur. Facwett, su hijo Jack y un amigo se adentraron en la selva en busca de esa ciudad no sin antes enviar un mensaje a su esposa en el que le conminaba a no temer su fracaso. No se volvió a saber de ellos.

Plaza & Janés acaba de publicar una biografía de Facwett, titulada La ciudad perdida de Z. La última expedición en busca de Eldorado" y escrita por D. Grann, en la que se repasa la apasionante vida de este explorador que terminó con el misterio sobre lo que le ocurrió mientras trataba de hallar esa ciudad perdida. Un enigma que alentó a multitud de expedicionarios, a imagen de Stanley en busca de Livingstone, en pos del desaparecido Fawcett, encontrando ellos mismos la muerte en el intento. La última de estas expediciones tuvo lugar en 1996. La falta de datos disparó las imaginaciones sobre lo corrido: desde horribles muertes entre los anillos de anacondas o las mandíbulas de pirañas a un voluntario retiro como jefe de una tribu de indios. Los hay que incluso defienden que alcanzó Z y la fuente de la eterna juventud que guardaba tras sus murallas. Y es que en vidas como las de Facwett leyenda y realidad tienden a confabularse.

Sebastián Álvaro, creador de Al Filo de lo Imposible.

En busca de la ciudad perdida de Z - Akasico

Fuente:

http://www.akasico.com/noticia/2440/Ano/Cero-Historia-ignorada/En-busca-de-la-ciudad-perdida-de-Z.html

Información:


Última actualización 24/09/2010@07:54:12 GMT+1
Su nombre evoca aventura, riesgo, búsqueda al límite; es el paradigma de explorador comprometido, de hombre de formación extensa que prácticamente mamó desde su acomodada cuna la vocación por explorar e intentar llegar allí donde nadie antes lo había hecho. Esta es su historia
Percy H. Fawcett vino al mundo en la localidad de Torquay (Devon, Inglaterra) en el año 1867. Su padre había nacido en la India del Imperio Británico, donde intelectuales, militares y miembros de la aristocracia gustaban de marchar, porque aquella tierra llena de “salvajes” también era sinónimo de aventura, algo manufacturada, todo sea dicho, pero tan consistente como para que después, al regreso a la madre patria, las tertulias de cafés y sobremesas se llenaran de recuerdos, de periplos inciertos por un país en el que las esencias y la cultura milenaria hacían de la más normal de las vivencias, el mejor de los relatos. Y en estas lides parece ser que el padre de nuestro protagonista, nacido en esta lejana tierra del subcontinente asiático, era un artista. No en vano pertenecía a la laureada Royal Geographic Society, y es más que probable que en este entorno el joven Fawcett ­comenzara a imaginar exploraciones que años más tarde pondría en marcha. Además, la lejanía de sentimientos que desde siempre mostraron sus progenitores, fue clave para gestar una personalidad que jamás rehuyó problemas ni responsabilidades; cuando otros caminaron por prudencia hacia atrás, él siempre enfiló el sendero que le llevaba hacia lo inexplorado. “Quizá haya sido mejor que mi infancia en Torquay se haya deslizado sin afecto materno ni paterno –aseguró–, porque esa circunstancia de huérfano me hizo más circunspecto. Hubo también años escolares en Newton Abbot que en nada alteraron mi visión del mundo”.

Ya en 1886 ingresó en la Artillería Real, y fue destinado a Trincomalee, ciudad situada al noroeste de Sri Lanka, que por aquellas fechas era el puerto militar más importante del país. El carácter curioso de Fawcett encontró en esta tierra bañada por el océano Índico el caldo de cultivo ideal para desarrollar sus inquietudes; empaparse de una cultura tan distante a la suya, pasear por el gran templo hindú de las mil columnas, conocer sus mitos y tradiciones, comprobar cómo a esas alturas de siglo todavía era posible dar con restos de civilizaciones aún más antiguas, que habían permanecido sepultadas por las escorias y la selva durante cientos de años, causó tal impresión en él que su vida ya no volvería a ser igual. Así fue como creyó atisbar que en las leyendas se escondía veladamente parte de una historia no escrita que hablaba de pueblos avanzadísimos, de ciudades tragadas por el tiempo, pero que aún permanecían ahí, dispuestas a regalar sus misterios a quien se atreviese a iniciar la búsqueda. Y fue Percy Fawcett el que aceptó el reto, después de estar un tiempo trabajando para los servicios secretos, y de arribar al que sería el continente de “los sueños cumplidos”: América del Sur.

Estaba convencido de que en las entrañas de las frondosas junglas del Amazonas existía una ciudad perdida. Y esta certeza se convirtió en obsesión cuando llegó a sus oídos el nombre de Francisco Raposo, un militar portugués que en el año 1743 accedió sin pretenderlo a unas ruinas gigantescas ubicadas en las selvas del Brasil, porque su objetivo real era encontrar las minas de Muribeca, de las que no se tenían noticias desde el siglo XVI. Raposo, buscando su Dorado particular, organizó una expedición con el firme propósito de llegar hasta él, siendo consciente de la dificultad que ello acarreaba. Porque si lo que referían las crónicas era cierto, las míticas minas, guardianas de fabulosas riquezas, se ubicaban en las montañas del impenetrable Matto Grosso, allí donde decían las tradiciones que aquel que se atreviese a penetrar en él, jamás retornaría…

Sea como fuere Francisco Raposo sí lo hizo, con la fortuna de romper esa especie de maldición, ya que tras diez años de exploración logró regresar para contar lo que había encontrado –otras crónicas aseguran que el tal Raposo no regresó, y quien dio fe de su aventura fue el Canónigo J. de la C. Barbosa, cuyo nombre aparecerá nuevamente en unas líneas–. Y lo que narró fue la confirmación que todos esperaban, pero que hasta ese momento nadie había logrado contar: que a cientos de kilómetros de las costas brasileñas se hallaban esas minas que justificarían el mito del Paititi, tan llenas de riquezas como misteriosas, pues muy cerca de las mismas, junto a una cascada espectacular y flanqueada por unas montañas blancas como el cuarzo, se levantaba una ciudad de antigüedad incierta, abandonada y semicubierta por la vegetación.

Fawcett enloqueció con aquel relato, más aún cuando tuvo la oportunidad de cotejar su autenticidad al leer un manuscrito que se encontraba en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, en la sección de obras raras. En el mismo –bautizado por su numeración como “Documento 512”–, el ya citado Canónigo J. de la C. Barbosa describía al detalle la expedición de Francisco Raposo, sus diez años de penuria al mando de un nutrido grupo de busca fortunas portugueses, y sus increíbles hallazgos. El contenido de este documento ha sido hasta ahora un misterio. ¿Qué leyó en él Fawcett que le llevó al pleno convencimiento de que Raposo tuvo el privilegio de llegar a su anhelada ciudad perdida…?

(Continúa la información en revista ENIGMAS 179).

Lorenzo Fernández Bueno

La ciudad perdida de Z - Youtube

Trailer promocional del libro de David Grann sobre el tema.

Vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=x6tdbzS2ccM

Texto adjunto:


Subido el 22/02/2010
La historia real de una obsesión mortal en el Amazonas

miércoles, 20 de marzo de 2013

La ciudad perdida de Z - Planeta Sapiens

Fuente:

http://www.planetasapiens.com/?p=3870

Información:


La ciudad perdida de Z

Publicado el 02 junio 2010 por Alberto de Frutos



Río de Janeiro alberga en su Biblioteca Nacional un documento que podría mostrar el camino a la legendaria Ciudad Perdida. Su autor recreó un mundo fabuloso que, a partir de entonces, obsesionaría a los mayores aventureros de la historia. Entre ellos, a Percy H. Fawcett, un explorador cuya historia es digna de una de las películas de Indiana Jones…
El 2 de octubre de 2009, decenas de miles de cariocas festejaron en las arenas blancas de Ipanema y Copacabana la última conquista del Gobierno Lula: la elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016. El júbilo fue incomparable: ni siquiera el desfile por el Sambódromo que todos los años festeja el regreso del rey Momo en el carnaval más concurrido y alegre del mundo pudo equipararse a ese regocijo, que tanto apenó a los madrileños, asiduos finalistas de esa votación.
Aunque, bien mirado, es posible que el explorador Percy H. Fawcett (1867-1925) rebasara tales cotas de entusiasmo cuando, en la biblioteca de Río de Janeiro, se topó con un extraño documento, que hoy puede consultarse en la sección de “Manuscritos”, serie “Obras Raras”. Diez páginas lo conforman, bajo el título Relação histórica de uma occulta e grande povoação antiquissima sem moradores, que se descobriu no anno de 1753. Catalogado por los responsables del centro con el asunto Cidades extintas y el número 512, el investigador puede consultarlo junto a la primera edición de Os Lusíadas o a la Bíblia de Mogúncia, impresa en 1642.
Primera página del ‘Manuscrito 512′. Crédito: Wikipedia.
Nos acercamos a las puertas de esa institución, considerada la mayor biblioteca de América Latina y situada muy cerca del Museo Nacional de Bellas Artes y de Cinelândia. A buen seguro, el viajero se sentirá atraído por los más de ocho millones de volúmenes que alberga el interior de esa madriguera de la bibliofilia; por su fachada de estilo neoclásico; o por sus columnas corintias, que nos saludan como mástiles de una bandera con el lienzo cuajado de letras en la extensísima Avenida de Río Branco.
ESPIONAJE Y AVENTURAS
“No carece de razón el antiguo dicho que reza: ‘Hay que ver Río antes de morir’. No conozco ningún otro lugar que pueda compararse a Río de Janeiro, y acaricio la esperanza de poder vivir allí algún día, si es que tengo tanta suerte”, dejó dicho Percy H. Fawcett. Un tipo curioso, como veremos a continuación.

Su fama fue tal, que Arthur Conan Doyle se inspiró en su figura a la hora de novelar El mundo perdido, y H. Rider Haggard recurrió a su encantadora personalidad para caracterizar a los exploradores de Las minas del rey Salomón. Lo que no todo el mundo sabe es que su eco traspasó tiempos y fronteras, y que los propios George Lucas y Steven Spielberg lo tomaron como modelo para la saga del arqueólogo Indiana Jones.
Miembro de la Royal Geographical Society de Londres, su misteriosa desaparición en la región delMato Grosso en 1925 (¿víctima de los indios caníbales Murcegos?), puso fin a una intensa carrera de espionaje y aventuras, que se desarrolló a lo largo de varios decenios en el norte de África, Malta, Hong-Kong y Ceilán. Más tarde, nuestro hombre se concentraría en el trazado de una serie de mapas por Bolivia, Perú y Brasil, antes de quedar deslumbrado por un sueño romántico y visionario: el hallazgo de una ciudad perdida, a la que dio en llamar Z y que vinculó con la Atlántida: “La conexión entre la Atlántida y ciertas zonas de la actual Brasil no puede ser descartada categóricamente”, apuntó en Lost Trails, Lost Cities. A su juicio, esa relación vendría a aclarar muchos problemas irresolubles hasta entonces.
Fawcett realizando mediciones en la selva amazónica.
Pero Fawcett no hubiese pasado a la historia de no ser por su obsesiva búsqueda de una ciudad perdida. Y la inmortalidad de que goza en nuestros días (y se supone que para siempre) empezó a fraguarse tras la lectura del citado manuscrito de Río, digitalizado en la siguiente dirección de Internet.
Evidentemente, él no sería el primero ni el último en perder la sesera por la fuerza y la belleza de la palabra escrita; y, si no, que se lo digan al Quijote… Pero, ¿qué contiene ese documento, capaz de enloquecer a un hombre aparentemente en sus cabales?
Así nos describe el instante prodigioso de su hallazgo en A través de la selva amazónica(Ediciones B, 2003), unas memorias que su hijo Brian ordenó y publicó años después de la desaparición de su padre: “Quienes tengan inclinaciones románticas –y casi todos las tenemos, a mi juicio– verán los elementos de una historia tan fascinante, que no conozco ninguna comparable. Yo la descubrí en un antiguo documento que aún se conserva en Río de Janeiro, y, a la luz de las evidencias recabadas en diversas fuentes, creo al pie de la letra en esta información”.
LAS MINAS DE MURIBECA
Aquella leyenda describía las aventuras de Francisco Raposo, quien, en 1743, emprendió la búsqueda de las Minas Perdidas de Muribeca. Este Muribeca era hijo de un marino portugués y una nativa india; y, a lo largo de su vida, acumuló una inmensa cantidad de oro, plata y piedras preciosas, cuya localización mantendría en secreto su hijo Robério Dias. Enardecido por el relato que llegó a sus oídos, el nativo Francisco Raposo, residente en Minas Gerais, partió hacia el norte y luego al este, vagando durante diez años entre pantanos, montañas y bosques en busca de las minas, tal como otros habían hecho antes que él.

En compañía de un nutrido grupo de indios, Raposo divisó finalmente el oscuro objeto de su deseo. ¿O acaso la ciudad desierta y ruinosa que encontró, semejante a Cuzco y asediada por el vuelo de miles de murciélagos, era solo un mero aperitivo de lo que le aguardaba todavía? Tras sobrevivir una temporada de la recolección de arroz en las ciénagas y la caza de patos, el nativo y sus fieles reanudaron la marcha; y, a unos ochenta kilómetros de la ciudad, localizaron una cascada bajo la cual se ensanchaba un río que formaba varias lagunas pantanosas.
El coronel Fawcett junto a uno de los guías de la expedición. Crédito: LIFE.
“La investigación –prosigue Fawcett– reveló que los supuestos pozos de minas eran agujeros que el grupo no tenía forma de explorar, pero en las aberturas se halló cierta cantidad de rico mineral de plata. Aquí y allá se veían cuevas excavadas a mano en la roca, algunas de ellas selladas con grandes losas de piedra cubiertas de extraños grabados. Podía tratarse de las tumbas de los monarcas y los sumos sacerdotes de la ciudad. Los hombres intentaron retirar las losas de piedra, pero todo fue en vano”.
La fortuna les quemaba los dedos. Nunca aquellos hombres habían estado tan cerca de la gloria como hasta ese momento. Sin embargo, la prudencia, unida a la amenaza cierta de los indios, les inclinó a regresar a su punto de partida para avisar del hallazgo al virrey, Luiz Peregrino de Carvalho Menezes de Athayde, quien, sujeto a los pronunciamientos de la Iglesia, hizo caso omiso a la narración y se negó a enviar a sus hombres a la zona. “Ignoramos lo que pasó con Raposo y los suyos. ¿Volvieron a la ciudad? De ninguno de ellos se volvió a saber más”, apunta David Hatcher Childress en Lost cities & ancient mysteries of South America (Adventures Unlimited Press, 2001).
MUCHOS AÑOS DESPUÉS…
Cerca de dos siglos después, Fawcett quiso recoger el testigo de Raposo. Los tiempos habían cambiado, puesto que, a diferencia de aquella administración brasileña imbuida del “estrecho fanatismo de una Iglesia todopoderosa”, sus coetáneos se mostraban más abiertos a la idea de una antigua civilización; e incluso el Gobierno brasileño, presidido a la sazón por el jurisconsulto Epitácio Pessoa, no tardó en subvencionar una expedición a su mando. Él era el único que conocía el secreto: “Lo descubrí en la dura escuela de los viajes por la selva”, señaló.

Las aventuras de Fawcett y sus hombres –el boxeador australiano Butch Reilly, el joven Felipe…– se recogen en los capítulos finales de A través de la selva amazónica, llena de lamentos por lo inadecuado del equipamiento; pero también de esperanza (“¡puede que regresemos de la próxima expedición con una historia que estremecerá al mundo!”).
¿Y cuál era esa historia? Pues, ni más ni menos, que el descubrimiento de Z, una ciudad ignota e inexplorada, tal vez la entrada a Akakor (esa mítica y ancestral ciudad habitada por la tribu de los Ugha Mongulala y fijada para la posteridad por el historiador alemán Karl Brugger en la ya clásica Die Chronik von Akakor); o, por qué no, a la Atlántida, puesto que, como el propio Fawcett sostenía, “los once mil años transcurridos, según Platón, desde el hundimiento de la última isla de la Atlántida abarcarían las vidas de tan solo ciento diez centenarios. ¡Un testimonio presencial del desastre pudo transmitirse de padres a hijos hasta el presente con tan solo 184 repeticiones!”.
Percy no desbarraba. Era consciente de que un velo se tendía entre la Suramérica antigua y la época contemporánea, y también sabía que el hombre que se propusiera descorrerlo tendría que afrontar peligros y fatigas sin cuento. Su itinerario, que podemos reconstruir a partir de las notas que consignó antes de su desaparición, comenzaría en el campamento del Caballo Muerto, seguiría hasta el Xingú y se adentraría en la selva hasta un punto entre ese río y el Araguaia. Desde Santa María do Araguaia, los expedicionarios planeaban cruzar el Tocantins y proseguir por las montañas entre Bahía y Piauí, hasta el río San Francisco y la ciudad que Raposo explorara en 1753. Junto a su hijo, Jack, y su amigo Raleigh Rimell, el aventurero inició la búsqueda de Z, no por ansia de dinero o fama, sino para satisfacer una curiosidad indomable y demostrarse a sí mismo que era un caballero esforzado y valiente. Entre el infernal aleteo de una turba de moscas, registró sus últimos pensamientos: “No debes temer ningún fracaso”.
Tal vez el gran Percy H. Fawcett no fracasara, después de todo. Su misteriosa desaparición en el Mato Grosso pudo significar que, realmente, alcanzó su objetivo y que, tras tantas penurias, localizó la Ciudad Perdida de Z sobre la que un día leyera en la biblioteca de Río de Janeiro. Nunca lo sabremos. Es posible que Fawcett penara la ambición prometeica de soñar un sueño que no podía ser compartido con nadie, y que los nativos, tal vez caníbales de la tribu de los Murcegos, protegieran los secretos de la ciudad y lo liquidaran junto a sus compañeros de viaje. Así, como aquel Orfeo de Tracia que descendió a los infiernos para rescatar a Eurídice, Percy cayó fulminado por un rayo de Zeus…; pues quién sabe si la Ciudad Perdida que halló Francisco Raposo en 1753 era el mismísimo Infierno.

En fin, mientras el cuerpo del explorador no aparezca (y han sido muchas las batidas para encontrarlo), podremos seguir creyendo que sus restos descansan en Z, al recaudo de una misteriosa raza de criaturas que nadie ha visto jamás. De momento, el misterio continúa. La productora Paramount ha comprado los derechos del libro La Ciudad Perdida de Z, de David Grann, que dirigirá James Gray y protagonizaráBrad Pitt en el papel del aventurero. Su estreno está previsto para 2012.
El libro de Grann está disponible en castellano, en edición normal y de bolsillo: