viernes, 2 de mayo de 2014

Los periodistas son los grandes cómplices de los políticos en la destrucción de España

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http://cazadebunkers.wordpress.com/2014/04/27/los-periodistas-son-los-grandes-complices-de-los-politicos-en-la-destruccion-de-espana/

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Los periodistas son los grandes cómplices de los políticos en la destrucción de España

Ayer escuché a Casimiro García Abadillo, director del periódico El Mundo, afirmar en la tertulia de la Primera Cadena que hay que subirle el sueldo a los políticos, mientras que sus compañeros tertulianos apoyaban esa tesis y hasta vinculaban la corrupción que destroza a España a esos bajos sueldos. Estoy indignado y avergonzado de mis colegas, además de convencidos de que los periodistas, después de los políticos, somos los máximos responsables del hundimiento de España por haber contribuido a la confusión y a la perversión de los valores y principios.
Mi primera reacción ha sido dejar de leer “El Mundo”, pero después he reflexionado y concluido que hay muchos otros medios en España que son todavía mas esclavos y falsos que ese periódico y que contribuyen mas intensamente al engaño y al oprobio.
¿Cómo se le puede subir el sueldo a los que los ciudadanos rechazan y desprecian en las encuestas porque los consideran los grandes culpables de la ruina y hundimiento de España? En las empresas, cuando un directivo es responsable de pérdidas y retrocesos, se le cesa, pero nunca se le sube el sueldo.
Dicen esos periodistas vendidos al sistema, que defienden en las tertulias posturas admisibles por el poder para seguir cobrando los 1.000 euros mínimos por comparecencia, que subiendo los sueldos se acercarían los mas inteligentes y capaces a la política, olvidando que los partidos políticos, verdaderas organizaciones de mediocres y para mediocres, son los primeros que expulsarían del poder a los mas capaces porque pondrían en evidencia a esos altos dirigentes que, además de ser corruptos e ineficientes, tienden a rodearse de mediocres y sólo valoran la sumisión y la lisonja.
La mayoría de los periodistas con acceso a grandes medios y tribunas de gran audiencia son cómplices de los grandes delitos que están convirtiendo la política española en una pocilga. No defienden la verdad, no informan al ciudadano, no difunden la altísima densidad de la corrupción en España, no condenan el despilfarro, hablan de democracia como si existiera y no sintonizan con el pueblo en sus grandes dramas y demandas, que son el castigo de los políticos corruptos, el fin de la impunidad de la casta política, el aumento de los controles al poder, la defensa de la mas que justa protesta en las calles, el abuso de poder, el mal ejemplo de los que ocupan las mas altas instancias del Estado y el dramático deterioro de la Justicia.
Condenan con frivolidad esperpéntica a los “antisistemas”, ignorando que todo español decente es hoy un antisistema, ya que para estar con este sistema es necesario ser casi delincuente y cómplice de los abusos, arbitrariedades y delitos que comete la clase dirigente, todos ellos tolerados y amparados por un sistema deleznable que no tiene nada de democrático.
Ninguno de esos periodistas mas o menos sometidos que pululan como abejorros por las tertulias españolas se atreve a hablar de la gran verdad oculta y prohibida: España no es un país democrático. Y no lo es porque no cumple ni una sola de las condiciones básicas consensuadas por los grandes autores y teóricos mundiales para que exista la democracia: ni existe una ley igual para todos asumida por los ciudadanos; ni los poderes básicos del Estado funcionan con independencia y libertad; ni los partidos y políticos tienen seriamente limitados y controlados sus poderes; ni existe una sociedad civil fuerte que sirva como contrapeso al poder del Estado; ni las elecciones son realmente libres, ya que no son los ciudadanos sino los partidos los que eligen y elaboran las listas cerradas y bloqueadas, ni existe una Justicia eficaz que sea capaz de castigar a los delincuentes, demasiado impunes si pertenecen a la clase dirigente; ni está garantizada la información veraz al ciudadano y la fiscalización de la política, misiones imprescindibles que la democracia encomienda al periodismo, porque España carece de una prensa democrática y la mayoría de los medios están “comprados” o “sometidos” al poder político.